Duele despedirse, es cierto. Por todo lo que uno deja atrás. Amigas, amigos, personas, seres humanos. Tan humanos como uno, con defectos y virtudes.
En eso quiero basar este pequeño ensayo. En la condición humana en sí misma, en el dolor por las despedidas y en el futuro que emerge ante nuestros ojos. Es un ensayo del pasado-presente-futuro de nuestro ser y, por ende de todas y todos los seres que habitan este planeta, incluso los árboles. Un ensayo sobre la muerte renaciendo, parte de lo que pensaban los mismos Renacentistas hace 500 años. Un ensayo sobre la rebeldía natural de ganarle a la muerte como también lo hizo Dante en todo su camino, como Sísifo y cuántos más. Es un ensayo de desafío al sistema como también lo hicieron Orwell y Bradbury, y cuántos más. Entonces, a pesar de que me gustaría hacer una introducción más larga voy a tomar el atajo y la voy a saltar, entonces iremos directo al grano porque, como dirían los Rolling Stones, you can't always get what you want.
Primera parte
I.
Me tocó crecer en una generación que veía las primeras luces de la hiperconexión. Este maravilloso ambiente donde todo es posible y las opciones para convertir tus sueños en realidad son infinitas. Eso da para otro ensayo: hablar de una generación en particular, por ejemplo.
Entonces, en esta generación tuve la oportunidad de criarme con la pantalla y su potencial. ¿Sabía ud. que puede sacarle mucho potencial a las pantallas? Son un mundo dinámico y, por qué no, interactivo. Y eso es algo esencial: la interacción social.
II.
No estamos solos en este mundo. Estamos rodeados, no solo por los mass media (a pesar de que me parece un poco aburguesada esta expresión, o mejor dicho, un poco snob, y resulta que hoy en día la misma palabra snob es en sí misma, snob y si se escribe con cursiva es más snob todavía) sino que también por... el mundo. Conectados y rodeados por el mundo, envueltos en el mundo. ¿Suena maravilloso, no?
III.
Reconocer que mi generación va a morir y que, ahora que estoy escuchando una canción de Faith No More es todavía más caída de carnet, es algo que me lleva a pensar en el futuro y en la siguiente pregunta: ¿vendrán nuevos ciclos?
Sí, y muchos, muchos más. La vida está hecha de ciclos. La muerte es, en sí misma, un concepto de tiempo y espacio que se plantea como el origen. Interesante dicotomía, no? La muerte es, simplemente, un punto en un círculo.
IV.
Las antiguas culturas adoptaron, para dar sentido al proceso natural de la vida y la muerte, al fénix, ave mítica y fabulosa que renace a partir de sus cenizas. El fénix es, en sí mismo, el círculo de la vida, lo que hay antes y después, y es, también en sí mismo, la muerte. Representa ambos lados de la moneda. El lado brillante y también el oscuro. Ahora bien, ¿qué es esa oscuridad? ¿es un estado permanente? Claramente no, ya lo sabemos. Por lo mismo, es interesarse adentrarse en ella, conocer sus puntos de mayor y menor oscuridad y todo lo que pretende mostrarnos. Es en el espacio de oscuridad donde nos encontramos con la mayor de nuestras fuerzas humanas: el reconocimiento de uno mismo.
V.
Porque en la luz, vemos todo y a tod@s. Nos miramos a la cara, reconocemos lo que nos rodea, nos impactamos por la magnificencia de la vida, en plenitud. Sin embargo, siempre se nos olvida el que está ahí, esperándonos como si supiera que nos encontraríamos nuevamente. Nuestro propio ser.
VI.
Como pareciera ser que la cantidad de temas que pueden surgir para largas y extensas reflexiones es mucho, volveré al tema central, que, como se darán cuenta, tiene relación también con todos los otros temas, por eso digo que todo esto es un mundo hiperconectado. La muerte y la vida tienen relación con lo que somos ante nosotros mismos y ante los demás. Nos muestran los caminos que debemos recorrer (siempre y cuando, queramos recorrerlos) y las posibilidades y formas de nuestra propia individualidad/colectividad. Son nuestra personalidad individual y social, al mismo tiempo, presentes en el mismo proceso.
VII.
A lo largo de los siglos, inducidos por nuestro propio pensamiento "minimizador de riesgo", como cuando se pasó del politeísmo al monoteísmo y al sentido de poder individual, no hemos tenido tiempo de descubrir que el verdadero poder se obtiene de las conexiones que podamos hacer con los demás. Es eso, simplemente: una conexión. Muchas vueltas le hemos dado al complejo proceso de ser, siendo que en la esencia, está este tremendo set neuronal al que llamamos sociedad.
Segunda parte
I
Volvamos, entonces, a la parte emocional. Me gustaría contarles lo bello que es el atardecer y el horizonte anaranjado. (Ahora que lo digo, creo que lo saben). Cuando está despejado, hay algunas nubecitas blancas, de esas bien lindas y el sol se está poniendo. Son las 7 de la tarde en Puerto Varas y comienza a bajar el rey. Y viene la noche, íntima. Viene con su espacio de silencio natural y necesario. Es esta noche, tantas veces reconocida que tiene un punto de silencio donde todo puede pasar.
Después, llega el viento. El viento susurra, limpia, y se preocupa de indicar cuándo llegará la lluvia.
El sonido del viento también es importante. Así como el sonido de la música. Tampoco olviden que la música puede cambiar sus vidas, como se expresa en el siguiente cortometraje.
II.
La lluvia limpia el cielo, nutre el suelo y llega la hora de refugiarse. Aparece, en algunos casos, la melancolía. Qué maravillosa sensación de la vida, de la humanidad! Aparecen las oportunidades de crear, lanzar ideas al cielo y al papel, imaginar, pensar, ver hacia adelante, proyectar. Es una de las mejores experiencias de inspiración y crecimiento. Aparece, también, la pena. A veces, todo conduce al llanto y hay que estar consciente de que esas lágrimas representan una curación y una limpieza más que un dolor. Es el momento donde la muerte se conecta con la mejor de nuestras presencias y estados físicos, el mejor momento para quedarse quieto y dejar que todo el ser sea invadido por esta maravillosa experiencia espiritual. Es un momento de detención del tiempo y donde se requiere la mayor de las preocupaciones intelectuales. Un momento orgásmico.
III.
En aquella atmósfera se puede sentir también lo que verdaderamente debería llamarse libertad. Nuestra cabeza se halla con un potencial ilimitado de preguntas y respuestas que podrían dar indicios de lo que va a venir y de lo que, internamente, estamos buscando. Nuestra intención no debe ser la de omitir esas preguntas, sino, y con mucha fuerza, buscarlas y aprehenderlas. Ni siquiera responderlas, sino simplemente, que estén ahí. Quedarnos con las preguntas sin necesidad de respuestas, hasta que se repita un nuevo momento, de los mismos expresados en los párrafos anteriores que traiga:
a) algunas respuestas a preguntas que aparecieron la vez anterior y;
b) más preguntas que quieren ser resueltas.
IV.
He ahí el principio elemental del dolor, de la pérdida. Una oportunidad de preguntas y respuestas que, naturalmente, serán resueltas y contenidas en nuestro corazón siempre vivo y dispuesto a latir. Es el respirar del ser al unísono con el ahogo, es el salir a flote mientras se nada en un mar de niebla.
_
Entonces me pregunto, ¿y el futuro?
Dada la condición humana, es un repetir todo lo anterior, con diferente cuerpo y grado de conocimiento de la vida. Es un repetir patrones infinitamente, maravillosos patrones que, ordenados por el azar, emergen y desaparecen en esta playa de los mil granos de arena. Así que no queda otra que disfrutar el sonido de las olas y lo tibio de la playa; el frío y el calor de un cuerpo compañero, la voz interior y la del conocimiento (aquella de las personas sabias); el olor a albahaca y a orégano; el sabor a chocolate derritiéndose en la boca y el de una buena cerveza, el vuelo de una golondrina, el aleteo de una mariposa...
*N. del A.: los puntos al costado de cada número son intencionales, así como la ausencia de algún signo de interrogación o exclamación, acorde a la evolución natural del lenguaje.

Comentarios
Publicar un comentario