La poderosa muerte





Del aire al aire, como una red vacía, iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo en el advenimiento del otoño la moneda extendida de las hojas, y entre la primavera y las espigas, lo que el más grande amor, como dentro de un guante que cae, nos entrega como una larga luna.

Pablo Neruda


Para Felipe, con cariño

No sé por dónde partir. Es tan difícil porque el tema es tan amplio y hermoso al mismo tiempo, y eso es lo que pasa con este tipo de temas, que como son amplios y hermosos, dan para poder estar discurseando de ellos un montón de tiempo. Tomaré algunas palabras de un gran amigo: declamar, equidistantes, "embrace and reach out". A veces es necesario reinterpretar o sobreponer ciertos conceptos unos encima de otros para poder armar la estructura de un texto que, dícese en palabras simples, ES MUY IMPORTANTE. 

Vamos. 

Primero 
El amor y la muerte, son equidistantes. Se encuentran separados por la misma cantidad de metros y kilómetros, el mismo espacio de tiempo (amor) y vacío. Un espacio de arena como las playas sobre las que nuestras huellas van quedando y se van borrando. Es hermoso, cierto? Es bellísimo cuando vas caminando por una playa y miras hacia atrás y el mar se ha llevado tus pisadas. Solo dejamos recuerdos, momentos, experiencias, nada más.

Qué era el hombre, qué era el hombre? ¿En qué parte de su conversación abierta...

El resto se va con nosotrs y nos transformamos.  
Me gusta la muerte. 

Me gusta porque nos lleva a ser parte del todo, de las energías universales y podemos ser, estar y aparecer donde queramos, podemos estar acompañados en todo momento si creemos en ella y ayudar donde se necesite. Ejemplo: una persona va sola en la oscuridad de un camión y de pronto se le aparecen sus muertos; el abuelo, la abuela, la otra abuela, el primo, el amigo. Me gusta cuando aparecen todos en el mismo lugar, llamados por la necesidad de una sobredimensionalidad de la persona. Es bastante sencillo entenderlo, pero al mismo tiempo complejo; es bastante práctico a veces morir y al mismo tiempo, azota la fragilidad contra el vidrio de lo necesario. Me explico.

Cada vez que una persona muere, el resto, los que quedamos acá, tenemos una forma de entender el proceso que, usualmente, está basada más en el apego con la persona-física que en la conexión espiritual. Un amigo me decía: "es que es eso lo que nos enseñan; nos enseñan casi todo desde lo físico, desde la necesidad física" y vaya que tiene razón. Hemos sido educados para querer y conservar lo físico. Ya sea en un ataúd, en una urna o en una píramide egipcia. 

Pero la conservación del cuerpo (que no está nada de mal) pretende que haya memoria, sin embargo, esa memoria es mejor activarla desde la perspectiva de una cúpula de ensueño: viajar con ella, sentirla, experienciarla. Qué hermoso es cuando se puede vivir la memoria. 

Y ahí: los cinco sentidos. No lo olvides, joven padawan: en los 5 sentidos radica el plano cartesiano de la vida, los cuatro ejes, los cuatro puntos, el espacio eterno, la tridimensionalidad, tu propio ser. Tu propia vida. Cito a otro amigo que en algún minuto me mencionó algo sobre la Geometría Platónica, algo que aún no he estudiado y que, en algún momento, debería estudiar.

Es cosa de cerrar los ojos y recordar algo especial de la otra persona con alguno de los  5 sentidos. Por ejemplo, recuerdo el olor que tenía la casa de mi Abuela Rosa - que dicho sea de paso aprovecho de reivindicarme con ella con mucho amor porque no vine a su funeral - en Lontué, o también recuerdo el olor a antiguedad de mi Tata Memo, que en realidad, era su olor. 
También recuerdo las frases (el oído) de Álvaro, y la voz y el último abrazo de Alejandro (no sé si habrá sido el último pero así lo recuerdo). Eso es tacto. 

Por ahí, aparece la persona con más luz, pero al mismo tiempo, la mayor interrogante: mi abuela Silvia.

También, Don Felix. Tenía un olor muy particular cuando estaba postrado, era tan buena persona pero uno era tan chico para entender tantas cosas y tantas experiencias interesantes. Kraftwerk significa "estación de energía"

En una batería ágil, rítmica perfecta, atrevida, aparece Gabriel Parra; y escucho la voz también del Gato Alquinta. Fueron seres sensibles, estamos claros. 

Qué falta? 

Nuestra propia muerte. 
Sube a nacer conmigo, hermano. 


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